Andaba tranquila, como de costumbre, la noche se me echaba encima, ¿qué más da? me gustaba aquella sensación, aquel olor a leña abrasándose en las casas, las oscuridad... Y lo más importante aquel gran satélite en el cielo, una sonrisa se me vino a los labios, no podía evitarlo era así de tonta. Mi móvil comenzó a sonar, solté un largo y tendido suspiró y lo saqué de mi bolsillo, al mirar quien era mis mejillas no pudieron evitar aquel maldito sonrojo que se me venía cada vez que lo nombraban o hablaba con él, me maldije a mi misma y apreté el botón verde que hacía que se descolgara el teléfono.
+ Di-dime.. -mi voz como de costumbre cuando hablaba con él era tímida, la odiaba, el podía notar cuando estaba nerviosa y cuando no, era algo que no se porqué no aguantaba.
- ¿Por dónde andas? hace ya una hora que deberías estar en casa -su voz sonó tajante y seria, así era él, para que cambiar-. Te quiero ver aquí ya.
No me dió tiempo a responder que ya había colgado, solté un pequeño grito de histeria y le di una patada a una pequeña lata de cocacola que se encontraba en el suelo, comenzé a maldecirle mientras andaba derechita a la casa donde teníamos que vivir con él. Cuando llegué a casa las luces estaban apagadas, buaf, que casualidad, me dije a mi misma, sonreí y comenzé a subir las escaleras del porche, me asomé a la ventana y allí estaba mi tutor, el que me volvía loca, el estúpido rubor volvió a mis mejillas, pero no estaba solo, ella estaba con él, su pelo verde oscuro relucía bajo la luz del fuego de la chimenea sus ojos escarlata se cruzaban con los de él, esos ojos azules hielo que tenía, la verdad no era una escena romántica, ella le miraba con cara de asco sosteniendo un cuaderno y él le miraba con su particular gesto serio que no cambiaba ni a la de tres, no llegaba a enterarme de lo que decían, si era extraño soy una licántropa, pero ¿qué quereis? aún no me transformé, seguí observando y entonces pasó, él le quitó aquel extraño cuaderno y la empotró contra la pared, cogió su rostro y pasó su lengua por los labios de mi hermana, mis ojos azules se abrieron todo lo que podían, atónita me separé de la ventana no quería ver más, tragé saliva y negé varias veces, eché un último vistazo a la ventana y mi hermana ya se había ido, decidí irme a la puerta y abrirla, hacer como la que no había visto nada, con una sonrisa en los labios. Así lo hice, en la puerta me choqué con él, sonreí como una tonta aun que me sangraba el corazón, no sabía exactamente lo que había pasado, pero algo raro se traían y ella sabía lo que yo sentía, prefiería no pensarlo.
+ Ya llegué... -dije con pocas fuerzas, dios ¿qué quería? chillarle como siempre, discutir, pues no, agaché la cabeza y comenzé andar, entonces pasó, él cogió mi brazo y me detuvo en seco, mi mirada se iluminó.
- Que sea la última vez, podrías haberte puesto enferma en medio de la calle y no sabía donde estás - claro que lo sabrías, eres un lobo tienes buen olfato, ¿no era más fácil decirme que le tenía preocupada? asco de orgullo.
+ Me voy a mi habitación, no tengo ganas de cenar, ya piqué algo por ahi con mis amigas. - Era una escusa malísima... ¿yo amigas? hasta yo misma me quedé extrañada de mis palabras aun que él se las creyó.
Subí las escaleras de la casa, pasé frente al cuarto de mi hermana y cerré los ojos, no quería hablarle, no después de lo que había pasado, caminé dirección a mi habitación y cerré la puerta despació, suspiré, no sabía que hacer, ¿qué se hacia en aquellos casos? era una inexperta, pero bueno, miré la esquina de mi cuarto, allí estaba mi guitarra, ella nunca me fallaba, caminé hacia ella y la cogí con cuidado, sonreí y me la colgé del cuello, me sentía bien con aquel trozo de madera entre mis manos, me alejaba de todo, pero aún faltaba algo, miré hacia la ventana y me dirigí hacia ella, sentandome en el alfeizar y mirando hacia la luna.
+ Tú eres la única que no me falla... todas las noches me das lo que necesito, gracias... -Entonces comenzé a tocar aquel instrumento dejándome llevar por él, sin pensar en nadie más, aun que para que mentirnos, lo único que se me venía a la mente era él, por eso aquella canción que tocaba y salía de mí, la compuse para él.